Este paraje, que está a 1.000 kilómetros al sur de Lima y recibe al año en torno a 120.000 turistas, es el lugar ideal para ver al cóndor y practicar deportes extremos.

El Cañón del Colca es uno de los más profundos e impresionantes del mundo. Actualmente acoge un proyecto piloto de turismo rural en Perú que permite a los visitantes convivir con los campesinos andinos y además contribuye a paliar la extrema pobreza.

La iniciativa, puesta en marcha a inicios de este año, parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), que ha rehabilitado 15 casas en la localidad de Sibayo y se dispone este año a habilitar hasta 27 para acoger a viajeros de todo el mundo.

“Lo que hacemos es recibir a los visitantes, les ofrecemos cama, desayuno, almuerzo y cena. Comen igualito a nosotros”, explica Paulino Vegaso, un beneficiario de 73 años que ha convertido su humilde morada en posada.

Por 20 dólares diarios, los turistas aprenden técnicas agrícolas, de pesca y pastoreo, y disfrutan de excursiones que incluyen la práctica de deportes de aventura como canotaje (rafting), ciclismo de montaña y caminatas.

“Quienes se dedican a ofrecer estos servicios son personas muy pobres -ganan 500 dólares al año- y ahora están mejorando su ingreso económico”, recalca Aparicio Cutipa, de la Asociación de Servicios Turísticos de Sibayo (Asetur).

A pesar de que todavía se mantiene sumido en una de las pobrezas más extremas, el Colca tiene un gran potencial turístico por sus atractivos naturales y la peculiaridad de sus habitantes: los collahuas y los cabanas, las dos etnias que habitan el lugar.

Un pueblo de historia

Los cabanas son los pobladores originarios y los collahuas llegaron en torno al año 900 desde el altiplano de Puno (sur de Perú) y Bolivia, y ocuparon las partes altas del cañón, más acostumbrados al frío y a las latitudes extremas.

Los incas los invadieron en el siglo XV e impusieron su sistema administrativo y la lengua quechua, pese a que apenas estuvieron cien años en el territorio.

Con los españoles llegaron los franciscanos, que no desterraron las costumbres de los pueblos antiguos, como los pagos a la tierra y los sacrificios de animales.

Una sucesión de pequeñas iglesias de estilos barroco y neoclásico, construidas en los siglos XVII y XVIII, se destacan en cada localidad del Colca y son otro de los grandes atractivos turísticos de este cañón, de casi 100 kilómetros de longitud y una profundidad de 3.400 metros, ubicado a pocas horas al norte de la ciudad de Arequipa.

Fuente: El Tiempo - Colombia

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