Los empresarios peruanos iniciarán a fines de octubre su tradicional reunión anual de ejecutivos con el retador lema: el momento es de primera, no juguemos en segunda.

Sin duda, esto resume el optimismo del sector privado porque consideran que atraviesan por un inigualable ciclo expansivo y el gran reto es darle continuidad. Pero la entusiasta frase, basada en el crecimiento económico que suma más de 80 meses, opera al mismo tiempo como señal de alerta frente al peligro. En los próximos tres años, no sólo estará en juego la puesta o no de bases sólidas para el desarrollo. Hay un ultimátum implícito en las calles de que este auge debe traducirse en niveles de bienestar para más peruanos, porque la lid pasa por la viabilidad del sistema democrático.

Aquí, el debate político es económico. Por un lado, los defensores del sistema arguyen a favor del modelo, los tratados de libre comercio, desregulación, más inversión privada y una mayor competitividad, en tanto que otro sector señala que las cosas siguen igual o peor. Y afirman que si bien existen cifras macro espectaculares, estas mayormente han tenido impacto en sectores socioeconómicos A y B. De hecho, dos encuestas realizadas en julio pasado por universidades privadas revelaron que dos tercios de los consultados consideran que el presidente Alan García gobierna para los ricos o para las empresas. Algo doblemente duro para un mandatario que proviene de las canteras de la socialdemocracia.

DOS PAÍSES EN UNO En el Perú pareciera que habitan dos países dentro de uno. Una Costa próspera y activa, que vota por el candidato pro mercado, sea de centro o de derecha, frente a una Sierra Sur y Central, junto con la Selva, que es donde se concentra el bolsón del representante antisistema y hasta de talante autoritario.

Esta figura se notó claramente en el 2006 y todos coinciden en que la disputa en el 2011 será entre un candidato que cuestione las bases económicas y la llamada democracia liberal, y otro que las defienda. Esta disyuntiva ocurre no en medio de una crisis o desplome financiero, sino cuando atravesamos un resurgimiento económico que solo tiene parangón en la historia republicana con la luminosa y desperdiciada época del güano de finales del siglo XIX.

Hoy en día, a diferencia de las épocas de hiperinflación y terrorismo de hace apenas dos décadas, las cifras están en azul y es moneda corriente que se batan récord de venta y producción en distintos sectores. Por ejemplo, hay un boom inmobiliario y el consumo simplemente se disparó. Por doquier abren centros comerciales y restaurantes que satisfacen los gustos más exigentes. Del 2001 a la fecha, las exportaciones se han cuadriplicado y el ascenso continúa.

Tres años atrás, el ingreso por habitante era de 2.000 dólares y hoy se ha duplicado. Se espera que en el 2011 alcance los 6.000 dólares per cápita.

Hemos alcanzado las reservas internacionales más altas de nuestra historia con 34.748 millones de dólares. En suma, de continuar la tendencia será otro el país que recibamos el 2011 frente al que conocimos en el 2001. Todo en apenas 10 años.

Sin embargo, esta mejora ha terminado por generar cuellos de botella.

Algunos la llaman crisis de crecimiento. Es como el estiramiento de un niño que salta a la adolescencia y la ropa le queda corta e incómoda. Algo por el estilo sucede en el Perú. Para empezar, nuestro primer puerto del Callao ha quedado prácticamente saturado y están en camino la construcción de 11 puertos privados. Por otra parte, ciertos tramos de las carreteras están congestionados de tantos nuevos autos, buses y camiones, lo cual ha venido acompañado de una racha de accidentes.

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JUAN ZEGARRA SALAS Editor de Economía y Negocios, El Comercio

Fuente: Portafolio - Colombia

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