Tras recibir el León de Plata en la Bienal de Arquitectura de Venecia por Elemental -el proyecto de viviendas sociales que lidera-, entra a las ligas mayores y suma admiración mundial. Pero él huye del protagonismo. Hoy viaja dando conferencias, inventa viviendas de lujo y se las arregla para llegar al final del día a acostar a sus hijos.
Ha pasado gran parte de los últimos ocho años dedicado a resolver, y a buscar, grandes preguntas. Ha formado equipos, ha aprendido del resto, ha visto sus supuestos desplomarse como un edificio demolido con dinamita en segundos y ha visto cómo, a partir de las preguntas más básicas y concretas, se han construido soluciones universales.
Alejandro Aravena ha tenido suerte, talento, autocrítica implacable y humildad para aprender, y ha visto su nombre involucrado en proyectos tan variados como Elemental -la empresa más innovadora en enfrentar el problema de la vivienda social en Chile- y Ordos 100, la construcción de villas de una hectárea en Mongolia para una firma suiza (al que fueron convocados 100 arquitectos de 27 países, incluidos otros dos chilenos). Aravena celebra el valor de la pregunta y la incertidumbre, porque ve ahí la oportunidad para trabajar.
Pero la pregunta más importante de todas, dice, la más urgente y la más desafiante es una un tanto más común. Más ordinaria. “Mi verdadero desafío es cuidar el tiempo con la familia, con los hijos, con mi mujer”, explica. “Esa es la logística que de verdad me ocupa tiempo”.
Es algo ligeramente más complicado para Aravena que para el común de los chilenos. Como arquitecto, a título particular, junto con sus socios o como director ejecutivo de Elemental, es invitado con frecuencia a participar en charlas, seminarios o bienales en el extranjero. Ahora mismo contesta esta entrevista desde Londres, donde expuso sobre Elemental en un simposio del Royal Institute of British Architects (RIBA), después de haber pasado por París donde tenía la esperanza de recoger un premio para Elemental, el Global Award de arquitectura sustentable, que finalmente no ganaron- y por Venecia. Allí expuso un proyecto que, junto a sus socios Ricardo Torrejón y Víctor Oddo, desarrolló para la firma alemana Vitra, e inesperadamente terminó subiéndose al escenario de la 11° Bienal de Arquitectura para recibir, a nombre de Elemental, el León de Plata a la arquitectura joven en la exhibición internacional.
Vida agitada y variada para un profesional que abraza las preguntas como forma de vida, y que al teléfono ofrece al menos una certeza: “Ahora vuelvo a Chile y no me muevo más por el resto del año, porque nuestro hijo o hija va a nacer a mediados de octubre”, cuenta. Su mujer, Gica, es una arquitecta brasileña ahora dedicada a la construcción, diseño, planificación y puesta en marcha del proyecto familia, donde destacan también Américo, de diez años, y Malú, de dos, y donde Alejandro Aravena es un socio que trata de estar lo más presente posible. A veces, dice a modo de ejemplo, viaja a Estados Unidos (donde estuvo encargado de construir los nuevos edificios de la Universidad de Texas, después de ganar un concurso mundial sin nunca antes haber construido fuera de Chile) por el día: si tiene una reunión un miércoles, viaja un martes en la noche y regresa el miércoles en la noche. Mucho avión, nada de hotel y mínimo impacto ambiental en la rutina familiar. “Siendo agnóstico y todo, hay una cosa sagrada para mí: la relación diaria con mi familia. Ir a buscar a mi hijo al colegio, bañar a mi hija más chica al final del día. La rutina ordinaria. Y ése es un desafío para mí”.
Es la paradoja del arquitecto. Siendo un hombre de su casa, Aravena pasa bastante tiempo pensando en las casas del resto.
El premio para Elemental en Venecia fue tan sorpresivo que ni siquiera sabían que estaban en competencia; Aravena estaba ahí exponiendo el proyecto de Vitra un taller para niños, un “edificio feliz” de mínimo impacto ambiental- y lo tuvieron que llamar desde Santiago para avisarle que en Venecia estaban llamando para informar sobre el León de Plata. Preguntaban si estaría por casualidad cerca de la ciudad para pasar a recoger el premio. Aravena estaba almorzando en el edificio del frente de la Bienal. Pero en toda la sorpresa no había asombro por un factor clave: una vez más se confirmaba que Elemental estaba ofreciendo una solución única para un problema global como la necesidad de viviendas sociales.
Definido como un “Do tank” en contraposición a un “think tank”, es decir, un centro destinado a la ejecución más que a la reflexión-, Elemental es formalmente una sociedad anónima con fines de lucro pero con un objetivo social, asociada a Copec y la Universidad Católica. Es ese objetivo social, y el camino para llegar a cumplirlo, el que le ha dado su sello único: convertir la vivienda social en una fuente de equidad.
Por Francisco Aravena F.
Fuente: El Mercurio – Chile



















































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