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Publicado en Octubre 20, 2009 por Christian Maldonado

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Colombia – Este empresario considera que la desaceleración cogió bien parados a los constructores. Los aprendizajes de las malas épocas de finales de los noventa fueron claves para revaluar el negocio.

El presidente de la constructora Apiros, Jorge Luis López, habla con propiedad de la crisis, pero sobre todo de cómo sobrellevarla.
Lleva nueve años a cargo de la compañía y tiene claros los altibajos del sector entre ellos los malos momentos de finales de 1999, del 2000 e incluso, del 2001.

De hecho, recuerda que fueron temas de los comités organizados en la oficina de la constructora, en el norte de Bogotá, lo mismo que la caída de la Unidad de Poder Adquisitivo (Upac) y la creación de la Unidad de Valor Real (UVR).

Pero las mieles de la recuperación, con picos al alza desde el 2004 y, sobre todo, en el 2007 cuando el mercado constructor tuvo su año estrella, también han sido motivo de comités menos estresantes.

Ahora, en medio de la desaceleración, que prefiere no identificar como crisis, López habla de cómo va la construcción, de la reacción del Gobierno con sus medidas anticíclicas y, entre otros, de los planes de Apiros en momentos menos complicados que a finales de los noventa, pero no tan importantes como al cierre del 2007.

¿Está en el grupo de quienes dicen que medidas como la cobertura a la tasa de interés y el aumento en el monto en los subsidios de vivienda permitirán agotar el inventario, y que al comenzar el 2010 las licencias -hoy, de capa caída- se recuperarán?

Efectivamente, creo que han impulsado las ventas, pero considero que sería preocupante si el mes entrante no hay un aumento en este indicador. Estamos a la expectativa de lo que reportará el Dane.

Pero, ¿de qué sirve tener la posibilidad de pedir permisos si no hay tierra dónde construir?

No hay duda de que la falta de suelo urbanizable es un problema grave y que el poco que hay en Bogotá es muy costoso, pero no podemos quedarnos quietos.

Es más, los constructores no sólo deberíamos tener acceso al suelo, sino a esquemas financieros para adquirirlo, pues hoy la mayoría debe financiarse con recursos propios.

A esto hay que agregarle que cuando logramos gestionar la tierra surgen otros inconvenientes, una ruta crítica que incluye la demora en la aprobación de los planes parciales (cerca de tres años) y los trámites ante la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, entre otros.

Pero hay reportes que indican que se ha avanzado en los trámites de construcción.

Quizás sea por la sumatoria del país, pero en Bogotá aún tenemos problemas que frenan el desarrollo y que impiden asumir acciones para contrarrestar el déficit, especialmente en los estratos bajos.

Estas trabas, finalmente, fomentan la informalidad porque quienes tienen proyectos de interés social prefieren irse a estratos más altos para evitarlas. Entonces, ¿quién ocupa el espacio que queda?, pues los constructores piratas.

A esta cadena de inconvenientes hay que sumarles la formación de nuevos hogares y el desplazamiento, que -de paso- también frena el desarrollo de nuevas urbanizaciones porque el Gobierno, por ley, debe apoyar a estos grupos con recursos importantes que podrían generar más vivienda de interés social (VIS).

A propósito de VIS, el Gobierno tiene los macroproyectos como programa bandera, ¿cuál es su percepción de estos?

Son claves para generar suelo y atender a las clases menos favorecidas, pero debe existir una coordinación entre los niveles nacional y municipal lo que, infortunadamente, aún no se da del todo, especialmente porque algunos entes territoriales se niegan a entrar en el proceso por temor a perder su autonomía, cuando el efecto es el contrario.

En un escenario hipotético de todos apuntando en la misma dirección, ¿qué faltaría para perfeccionar las estrategias que buscan impulsar la vivienda?

Más gestión para atender a los informales, que son los que más demandan vivienda social pero no pueden acceder a un crédito complementario para completar el valor de la vivienda porque el sistema financiero aún los considera un riesgo.

¿Cómo ha estado el 2009 en materia de negocios?

Tal como lo presupuestamos, en medio de un escenario de planeación muy corto y cambiante. Esto nos ha obligado a resolver los proyectos en marcha para estar mejor en el segundo semestre del 2010, con una recuperación conservadora y empresarialmente cautos.

¿A qué mercados les está apostando?

Apiros tiene dos nuevos proyectos para estrato 4 en Cali (220 casas y 230 apartamentos), mientras que en el norte de Bogotá tenemos 400 unidades -en alianza con otra constructora- también para estrato 4.

¿Tienen obras de vivienda social?

Sí, están en plena ejecución 4.000 unidades de vivienda de interés prioritario (VIP) en Metrovivienda, en Bosa, que se entregarán el próximo año.

Este tipo de soluciones, de 24,8 millones de pesos, son las del rango más bajo de la VIS y donde se tendrán que reforzar las estrategias del Gobierno y, claro, de nosotros los constructores.

¿Será que el 2010 sí será el año de la VIS?

No sólo será el año de la vivienda social, sino de la recuperación del sector, que incluso, en medio de las eventualidades, ha tenido un buen desempeño. Y esto tiene un gran mérito, si se tiene en cuenta por lo que han pasado otros países.

De cualquier forma, tendremos que estar muy atentos de la evolución de las tasas de interés y de las variables macroeconómicas para ajustar nuestras decisiones.

Empresario sin límites

Jorge Luis López nació en México hace 45 años pero se considera colombiano. Cuando no está en medio de proyectos inmobiliarios este economista, presidente de la constructora Apiros (que en griego significa sin límites) lee y estudia, aunque también comparte otras pasiones con su hijo de 16 años y con su hija de 13: montar cuatrimotos y bucear.

Recuerda que llegó al sector tras un negocio fallido en la época de universidad, con la que fuera su esposa y cómplice. Con el primer proyecto en ejecución las cosas no salieron bien y los socios los abandonaron.

Entonces se quedaron solos y ante esto tuvieron que encargarse de la obra; así nació Apiros, la firma que en 1994 daba trabajo a 4 personas y hoy tiene 160 empleados.

Fuente: Portafolio – Colombia

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